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Juan Anaya Ojeda: Premio Neurofisioterapia INEURO® 2017

Juan Anaya Ojeda: Premio Neurofisioterapia INEURO® 2017 7 septiembre, 2017Dejar un comentario

¿Cuál es tu formación? ¿Cuáles son los hitos más importantes de tu formación?

Llegué a Granada en 2003 para estudiar la Diplomatura en Fisioterapia. Cuando terminé en 2006 mi perfil era bastante académico, por lo que decidí hacer la Licenciatura en Antropología Social, que era uno de los pocos segundos ciclos a los que podíamos acceder desde Fisioterapia y mantener la beca del Ministerio [sí, no tiene ningún sentido pero así era].

A la vez, hice también el Máster Oficial en Antropología Forense, de nuevo, porque era de los pocos a los que podíamos acceder como diplomados; con la vista puesta en realizar el doctorado [sí, tampoco tiene sentido, pero era eso o estudiar Biblioteconomía, otro de los segundos ciclos a los que se podía acceder].

Cuando descubrí que mi principal interés era la clínica en el mundo de la neurociencia, dejé a un lado el doctorado e hice el Máster en Neurofisioterapia, a partir de ese momento el 90% de lo que he leído ha sido en este camino transdisciplinar, por eso estoy haciendo el Grado en Psicología, por complementar mi formación sobre cognición.

¿Por qué decidiste dedicarte al campo de la Neurorrehabilitación?

Fue un amor a primera vista, en realidad no sabría explicarlo muy bien, pero desde primero de fisioterapia tenía tendencia a disfrutar más con los temas de anatomía, fisiología y patología nerviosa. De hecho, hasta tercero de carrera no tuve muy claro qué hacía exactamente un fisioterapeuta neurológico. En las estancias clínicas siempre me quedaba más tiempo estudiando y tratando a las personas con lesiones neurológicas y me resultaba muy interesante [entre otras cosas, porque no tenía ni idea de nada].

La leyenda negra de la fisioterapia en neurología decía que era un campo poco agradecido, en el que no había mucho que hacer [en el mejor de los casos, mantener o evitar la degeneración] y la mayoría de mis compañeros/as querían acabar en deportiva o traumatología. Al terminar fisioterapia y entrar en el mundo universitario como becario tuve un gran desengaño, no me sentía cómodo con la profesión y las salidas que se me presentaban, por otro lado, las perspectivas de docencia e investigación en la Universidad no me llenaban lo más mínimo [cuando meses antes estaba convencido de que era mi vocación].

Y, de repente, tuve la oportunidad, sin tener experiencia de ningún tipo, de trabajar en un centro interdisciplinar que trataba sólo a personas con problemas neurológicos. Ahí descubrí la neuropsicología, la neuroterapia ocupacional, la neurología, neurologopedia… y cuando me quise dar cuenta estaba leyendo artículos y libros sobre neurociencia en mis ratos libres. Por otro lado, el trabajo diario con personas afectadas por este tipo de patologías me resultaba muy enriquecedor, tanto a nivel personal como profesional.

Aún hoy, diez años después, continúa siendo un reto diario y me nutro con todo lo que me enseñan las personas que acompaño, creo que eso es lo que engancha de este mundillo: tener la oportunidad de aprender de personas que han sobrevivido a golpes terribles, en todos los aspectos, que son verdaderas supervivientes y que luchan día a día con fuerza y determinación para seguir adelante.

¿Qué importancia tiene tu profesión en el ámbito de la Neurorrehabilitación?

En realidad, hace muchas décadas que los profesionales de la fisioterapia trabajamos en este ámbito y, sin embargo, según mi opinión, estamos todavía en pañales, queda mucho por investigar [quizá esto sea lo más estimulante] y por luchar.

La Neurofisioterapia es una realidad, pero no existe de forma legal, es decir, no existen las especialidades regladas en Fisioterapia.

Así, aunque personalmente creo que es una barbaridad, una persona que ha estudiado una carrera de 4 años [en el mejor de los casos, yo estudié 3] se supone que está capacitada legalmente para tratar a personas diagnosticadas de parálisis cerebral, una pierna amputada, un esguince de tobillo jugando al fútbol, un linfedema post-mastectomía, una EPOC, un TCE frontal, una fractura de cadera, Enfermedad de Alzheimer o hacer un masaje relajante en un balneario.

Y la realidad es que ni en los hospitales públicos, ni en la Universidad, ni en ningún sitio oficial se exige experiencia o conocimiento previo para trabajar [o dar clase] con personas con lesiones neurológicas. Por tanto, hasta un recién acabado que había visto todo lo que se supone que se puede hacer en fisioterapia neurológica en menos de 6 meses puede tratarlo todo.

Creo que es evidente la falta de respeto, principalmente a las personas afectadas y a la propia fisioterapia, cuando damos por hecho que estamos preparados para atender con calidad a alguien que ha pasado por el servicio de Neurología.

Cualquiera que haya estado en contacto con este ámbito sabe perfectamente lo complejo que es y la cantidad de conocimiento y experiencia que se necesita para no meter la pata demasiado. Y también cualquiera que haya conocido a alguien en esta situación sabe que una de sus principales preocupaciones es el movimiento, el poder tener autonomía, por lo que un profesional como el neurofisioterapeuta debería formar parte del equipo transdisciplinar en todos los casos, aunque por ahora oficialmente ni existimos.

¿Has participado o participas en alguna investigación relacionada con el campo?

En este momento soy consumidor, no productor. Sinceramente creo que necesito aprender mucho más antes de poder plantear hipótesis de investigación que sean verdaderamente útiles; en este momento me interesa mucho más intentar sacar algo en claro de lo que se ha publicado en las últimas décadas, ya que hay poco material y creo que es importante un hilo conductor para describir variables y metodologías resolutivas en este ámbito.

Así que mi aportación a la investigación se limita a colaborar con los/as investigadores/as que me piden ayuda para plantear el marco teórico, que necesitan personas que participen en los grupos de experimentación, revisión de artículos, etc. pero no es una de mis prioridades en este momento.

¿Cuáles son tus proyectos más importantes?

Sinceramente no creo que ninguno de mis proyectos sea muy importante, pero es cierto que, personalmente, me siento muy realizado con dos de ellos:

Cooperativa AISSE

La cooperativa sin ánimo de lucro AISSE Este año hemos cumplido 5 años y el Centro Sinergia de atención a personas con patología neurológica sigue creciendo en profesionales, instalaciones y usuarios.

Para mí es un orgullo haber colaborado en la fundación de una entidad totalmente independiente, autosostenible y que mantiene una política sin ánimo de lucro honesta y transparente; centrada en mantener la máxima calidad del servicio con los recursos que tenemos.

La unión de la filosofía transdisciplinar y el modelo asambleario cooperativo ha generado un equipo consolidado y una verdadera comunidad en la que los profesionales y los usuarios interactuamos de forma significativa. Así que creo que puede ser un modelo alternativo a tener en cuenta.

Máster de Neurofisioterapia

El Máster en Neurofisioterapia. Llevamos 4 ediciones con la Universidad Pablo de Olavide y estamos planteando una ampliación para llegar a los dos años completos de formación de postgrado centrada en daño cerebral sobrevenido en el adulto.

La posibilidad de dirigir este programa me ha dado la oportunidad de conocer a grandes profesionales e ir montando un máster que mantiene ese espíritu transdisciplinar y centrado en la neurociencia básica, la experiencia clínica y el compromiso continuo con la autocrítica y la mejora.

Así, a lo largo de los años nos hemos equivocado tantas veces que estamos mejorando poco a poco y creo que el alumnado agradece que se pongan en marcha iniciativas de este tipo.

¿Qué significa para ti este premio?

Para mí supone una gran ilusión, principalmente por quién me concede el premio, ya que he seguido los pasos de ineuro desde su fundación y he tenido el privilegio de asistir a muchas formaciones y actividades organizados por esta entidad, en los que he aprendido mucho.

Como decía más arriba, denominarme neurofisioterapeuta me ha acarreado algún que otro problema [y denuncia, todavía recuerdo cuando me hicieron destruir todas las tarjetas en las que aparecía esa palabra]. Sin embargo, cada día tengo más claro que estoy donde tengo que estar y que soy un verdadero privilegiado por poder dedicarme a lo que me apasiona, en una entidad democrática, socialmente comprometida y honesta.

Lo único que tengo claro es que pronto haré diez años de dedicación exclusiva a la neurofisioterapia y me considero aún un recién llegado, todos los días dudo de mí mismo y de que lo que hago sea lo mejor que puedo aportar a este ámbito.

La fisioterapia es apasionante y una profesión preciosa y, para mí, la neurológica es la que elijo para desarrollar todo lo que aprendo sobre movimiento. Así que es especialmente significativo para mí que se me entregue un premio con esta denominación y un orgullo que me lo conceda ineuro.

Un consejo para los jóvenes que se inician en esta amplia y apasionante profesión.

Que nunca olviden la que creo que debería ser la prioridad de todo sanitario: las personas  que nos visitan tienen problemas importantes, porque no hay nada más importante que la salud.

Cada vez que se pongan delante de una persona para valorarla piensen que para ellos quizá no es más que un paciente, pero que ese paciente lo es todo para sus seres queridos.

Que no se aprovechen del estado de sufrimiento para ganar dinero sin escrúpulos, porque pienso que con la salud no se debe especular.

Que sean críticos e intenten deconstruir lo que se les explique, que no confíen en cursos ni en formadores que hablan sólo de las técnicas que les dan de comer.

Y, sobre todo, que disfruten de la oportunidad de dedicarse a algo precioso, apasionante, misterioso y lleno de satisfacciones como es compartir el tiempo con personas que están dispuestas a enseñarte todo lo que han vivido.

¿Cuáles son las claves para convertirse en un buen profesional?

Me gustaría saberlo [sería todo más fácil]. Pero, si me tengo que mojar, diría que es la capacidad para entender que el conocimiento es una herramienta, no es algo que tengamos que conservar y encerrar. Me explico, creo que lo más importante es poder intercambiar lo que sabemos, criticarlo, reaprenderlo, ponerlo en contexto histórico. Siempre le digo al alumnado que no le tomen demasiado cariño a lo que les estamos explicando porque dentro de 50 años será mentira.

Con esta perspectiva podemos dejar atrás las luchas entre profesionales y los miedos al error, podemos partir de la base de que no tenemos ni idea de nada y que lo que hacemos es lo mejor que podemos hacer con las herramientas con las que contamos en este momento; pero que seguro que estamos equivocados y hay una solución mejor a nuestros problemas. Creo que lo que más daño le puede hacer a un profesional sanitario es la certeza, esa sensación de falsa seguridad y de tenerlo todo muy claro, de haber tocado techo. Creo que el conocimiento tiene que ser compartido y estar en continua transformación, retroalimentándose de la evidencia científica y la experiencia clínica.

Y no quiero perder la oportunidad de señalar la importancia del error como la base del aprendizaje. En fisioterapia tenemos que manejar no sólo el conocimiento teórico, así que no nos sirve aprender por vía explícita, sino que tenemos que practicar.

Muy a menudo veo a profesionales que no prueban a hacer las cosas por no equivocarse, porque nos han vendido la imagen de que el error no es deseable. Y esto es algo que tengo que agradecer a lo que he aprendido de la neurociencia: no sólo no tenemos que tener miedo a practicar, sino que la práctica es la única vía para mejorar nuestras habilidades. Ensayar, equivocarse, analizar, aprender, volver a equivocarse, reaprender. La flexibilidad y la capacidad de adaptación son valores que considero vitales.

Y, si no te gusta tu trabajo como fisioterapeuta: dedícate a otra cosa; hay otros muchos que puedes desarrollar, que tampoco te gustarán, pero que no requieren que trabajes con personas. Así que el respeto a la profesión y a la gente con la que trabajamos creo que es el mínimo sobre el que empezar a edificar.

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