En busca de una clave genética para la recuperación del ICTUS

En la actualidad, se investiga exhaustivamente la genética para hallar claves de diagnóstico o tratamiento. En este post vamos a comentar en concreto claves para la recuperación del ictus.

Como sabemos, el ictus isquémico es la segunda causa de muerte en el mundo. También es la principal causa de discapacidad en el adulto. Por estos motivos, es de alta prioridad encontrar objetivos farmacológicos y no farmacológicos para la práctica clínica. El proceso de recuperación tras un ictus depende de muchos factores. Algunos son la severidad del ictus, el tipo o si hay factores de riesgo vascular. Sabemos que se crean nuevas conexiones sinápticas en las áreas cercanas al área lesionada. Las vías metabólicas son de gran relevancia para este proceso. Asimismo, cabe señalar que en muchos casos, esas vías dependen en gran medida de factores genéticos. Por este motivo es importante estudiar los factores genéticos de la recuperación post ictus. Ya se han hecho asociaciones exitosas, pero no se han relacionado con una localización exacta. Este es, por lo tanto, el objetivo del estudio.

El artículo que tratamos es un metaanálisis de 4 estudios de pacientes europeos. Estos pacientes, a los que se les realizó estudios de genoma, tenían un diagnóstico de ictus según la OMS. Realizaron una regresión lineal multivariada.

¿Qué concluyen sobre la genética para el ictus?

Se descubre una nueva asociación entre variantes en el gen PATJ y una peor recuperación post ictus. Esta asociación influye también negativamente en el nivel de recuperación a tres meses de la lesión.

Contrariamente, hay algunos resultados contradictorios a causa de la falta de consistencia en las replicaciones del estudio. Sin embargo, en la parte positiva, ha generado gran cantidad de datos genotípicos y fenotípicos. Ayuda así, a desenredar la arquitectura genética del proceso de recuperación del ictus. Esta información podría ser de utilidad para objetivos terapéuticos futuros de cara a la rehabilitación de un ictus. Por lo tanto, aunque no encontremos aún datos consistentes, podemos considerar exitoso el hecho de que vamos aclarando poco a poco las aplicaciones de tener conocimiento sobre nuestro genoma.

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