La Imaginería Motora como herramienta conocedora del grado de afectación en la Esclerosis Múltiple

¿Se puede conocer la afectación de un cerebro a través de la imaginación de un movimiento? ¿Hasta dónde se puede llegar imaginando acciones o secuencias? ¿Inicio o final de la imaginería?

En los últimos años la Imaginería Motora (IM) está siendo foco de atención e investigación en numerosos campos de la ciencia. La Neurociencia y la Neurorrehabilitación, son dos ámbitos clave.

Estudios realizados con resonancias magnéticas funcionales han demostrado que las ejecuciones motoras y la IM activan regiones cerebrales implicadas en la ejecución y planificación motora, así como la activación de las áreas premotora, motora suplementaria, motora primaria, somatosensorial primaria, el lóbulo parietal posterior, el núcleo estriado, cerebelo y tálamo.  Ha sido evidenciado que en los adultos sanos existe la misma duración en el tiempo entre la práctica mental de un movimiento y la ejecución real del mismo. Al contrario la falta de compás puede ser consecuencia de cambios que ocurren con la edad o con enfermedades neurológicas.

Imaginería Motora y Esclerosis múltiple

Un  nuevo estudio publicado hace unas semanas abre una pregunta interesante frente a la Esclerosis Múltiple (EM) y la IM.

La IM puede ser definida como un estado dinámico durante el cual una acción motora específica es reactivada internamente dentro de la memoria de trabajo sin la ejecución de ningún movimiento real (Jeannerod, 1995).  El daño producido por la EM podría contribuir al desarrollo de déficits en el procesamiento temporal de las acciones imaginadas. De la integración de ambas ideas surge la hipótesis e investigación de este artículo.

El objetivo del estudio es investigar las conexiones neuronales de la imaginería motora en personas con EM. Para ello, utilizaron resonancias magnéticas funcionales durante una tarea ejecutada con ambas manos. De esta forma exploraron la asociación entre el grado de afectación de la enfermedad a través de la eficacia o no de una tarea ejecutada con IM.  La actividad se divide en dos partes, por un lado la ejecución real de un movimiento. Este movimiento consiste en apretar una pelota de foam con la mano dominante y  la no dominante de forma repetitiva y a una velocidad en la que los sujetos se sintieran cómodos. Después, la actividad se ejecutaba a través de la imaginería sosteniendo la pelota en la mano mientras imaginaban el movimiento.

Para cada tarea se calculó el promedio de apretones a la pelota. De esta manera se obtuvo la ratio, independiente para cada mano, usándola para definir el índice de ejecución (IP). Si el IP es cero, indica buena precisión y ritmo. Por el contrario, si el IP era menor o mayor que cero, indica la falta de ritmo o descompás. Esto significa que el número de apretones mentales era menos o más que los  ejecutados de forma  manual. Es decir, la tarea mental era más rápida o lenta que la tarea real.

Resultados y conclusión

Los resultados del estudio relatan que la práctica de la IM con la mano dominante  en personas que padecen EM necesitan más atención, memoria, y la ayuda de áreas cerebrales encargadas del control motor para poder producir imágenes precisas. En estadios iniciales, las personas son capaces de hacer un uso efectivo de sus recursos para contrarrestar los síntomas. Sin embargo, en estados más avanzados existen más dificultades para emplear las regiones visuales, sensoriales y corticales y ejecutar el ejercicio de forma adecuada en el tiempo, lo cual es relevante para corregir la imaginación de los movimientos. La falta de habilidad para compensar este déficit es más evidente cuando la tarea es realizada con la mano no dominante.

Además los resultados sugieren que cuanto más compleja es la tarea, más difícil es reclutar las áreas cerebrales compensatorias.

En conclusión, se ha visto que las personas que cursan EM muestran diferentes patrones neuronales durante la IM. La asociación entre las activaciones cerebrales y la falta de compás son reflejados en el índice de ejecución (IP). Este se basa en la ratio entre los movimientos reales y ejecutados(imaginados).  Este índice no sólo podría ser un buen indicador de la capacidad de ejecución motora o cognitiva.  Podría ser también un marcador del grado de afectación de la EM, sobretodo en los primeros estadíos de la enfermedad.

 

El camino hacia conocer el cerebro aún continúa.

 

Beatriz Martos, Terapeuta Ocupacional de Ineuro®

 

 



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