¿Quién se puede considerar neuropsicólogo/a?

Llevo 32 años en la Neuropsicología. Estudié Psicología en 1991 en la Facultad de Psicología de la Universidad de Sevilla y desde 1994 estuve en el Hospital Universitario Virgen Macarena, Servicio de Neurología, gracias G Patrignani y F Viñuela. Me pasaba horas y horas y horas dado el gran interés que me suscitaba la cognición, interés que me surgió en 2ª de carrera gracias al Prof. Portavella. Lo único que me interesaba era la Neuropsicología y estudiaba las asignaturas por aprobar sin más; de hecho, los 5 años de carrera me los comí en 4 (realmente en 4 y un poco más porque tuve que hacer un último examen, si no recuerdo mal, en diciembre de lo que sería mi último año, de una asignatura horrible y que me sigue pareciendo así: Psicología Evolutiva).

Cuando terminé tuve la suerte de quedarme allí siguiendo mi formación con una beca de 3 años, gracias a varios neurólogos. Estaba en el hospital 12 horas al día (no exagero). Me interesaba todo. Aprendí SPET, RM, TAC, exploración neurológica, etc., gracias a los neurólogos. Aprendí a ver pacientes. Aprendí a hacer una anamnesis, explorar, etc. Me marcó -tal cual lo digo: me marcó- el leer el libro del Test Barcelona (no hablo del test, hablo del libro de Normalidad y Semiología). Quizá fue la primera vez -año 1996 o así- en la que leí de semiología neurocognitiva y me interesó muchísimo. Sin duda Jori Peña-Casanova ha sido importante en mi carrera como neuropsicólogo. En 1999 tuve la suerte de estar meses con Juan Narbona en la Clínica Universitaria de Navarra. Aprendí algo de mapping con Conesa en Barcelona, donde fui un par de veces y me quedó claro el hecho esencial.

Mi hospital, sin duda, ha sido el HUVM. Estuve en el Servicio Extremeño de Salud y monté el PIDEX, con la contratación de 6 neuropsicólogos en el SES. Esto lo logré gracias a Emilio Herrera, que confió en mí. Estuve en el Servicio de Neurología del Hospital Universitario Reina Sofía gracias a Fernando Sánchez, una persona excepcional de la que no me pude despedir ya que murió repentinamente. Fernando me enseñó algo que intento trabajar cada día: la astucia. Luego fui a Neurorrehabilitación del Hospital NISA gracias  Javier Chirivella, de donde me fui en 2012 y al que le agradezco la confianza. Creo que es una buena persona a la que han hecho mucho daño.

Posteriormente, desde 2013 que monté mi primer centro ineuro, dediqué mi vida a ineuro y a mi familia. Desde 2023 mi único interés real son mis hijos.

He publicado mucho; he investigado, realizado más de 20 ensayos clínicos (EM, Parkinson, Huntington, demencias, etc.). Fundé el Máster en Neuropsicología de la Universidad Pablo de Olavide y durante muchos años estuve al pie del cañón. Fundé el Consorcio de Neuropsicología Clínica (del que me fui por temas familiares en 2016, renunciando a ser director, y al que no volvería aunque cambiara lo que ahí pasa y, sobre todo, ciertas personas). Fundé la Sección de Neuropsicología de la SEN, de lo que estoy orgullosísimo y sigo perteneciendo y me quito el sombrero con el trabajo de los que allí han sido directores: Teresa Ramírez, Saúl Martínez-Horta, etc.

He dado cientos (cientos) de formaciones. Fundé los conceptos y métodos en Neuropsicología Funcional (NEF), donde se han formado ya más de 3.000 profesionales.

Y podría seguir…

¿Por qué digo todo esto?

Creo que tengo cierto criterio. Poder llamarse neuropsicólogo, dado que no hay un reconocimiento oficial, es algo en España bastante decepcionante en la gran mayoría de los casos. Las personas piensan que por hacer un máster ya pueden denominarse así e incluso diría que hay algo muchísimo peor: los criterios absurdos, idiotas, de baja cognición lógica, de los COP en la “acreditación en Neuropsicología”.

Hasta que no llevé 10 años trabajando día a día a tope en Neurología no dije “soy neuropsicólogo”. Me daba vergüenza decirlo. Ahora no pasa eso. Cualquiera se llama a sí mismo/a neuropsicólogo/a. Esto es terrible. Y no es terrible porque no saben de Neuropsicología, sino porque flaco favor le hacen a los pacientes y familiares.

Incluso psicólogos que no han visto ni un paciente en pintura (quizá sí en investigación) se llaman así mismos “neuropsicólogos” y quieren que se introduzca la diferencia entre neuropsicólogo clínico vs neuropsicólogo experimental-investigador-académico. No: el neuropsicólogo lo es gracias a una docencia extensa teórica y, principalmente, práctica, al igual que un Psicólogo Clínico lo es SÓLO SI HA HECHO EL PIR y todas las rotaciones concretas (salvo cuando hubo la posibilidad de que muchos que llevábamos años solicitáramos al ministerio la especialidad).

No son buenos tiempos para la Neuropsicología, a lo que han contribuido muchísimas personas y algunas instituciones (que siguen haciéndolo).

Uno de mis puntos clave en este caminar tranquilo, prudente (o eso creo), sosegado, sin miedo, está en hacer un trabajo excelente junto a otros grandes profesionales de España sobre este tema: Certificación en Neuropsicología por niveles. Cuando el ministerio indique otra cosa, ahí estaremos. Espero poder incluso participar en la comisión de Especialidad en Neuropsicología futura en el ministerio, pero creo que moriré antes o ni se querrá contar conmigo.