Inmaculada Ramos
- 9 octubre, 2024
- Posted by: ineuro
- Categoría: Editorial
No escribo (Pablo Duque en este caso) post sobre personas, pero esta persona sin duda lo merece. Inmaculada Ramos ha sido una de las personas a las que puedo llamar buenas. Es decir, una persona buena. Es una de las tres que conozco que, sin duda, llamo (llamé así). Inma era neuropediatra y se dedicó siempre a los trastornos del neurodesarrollo o, en general, a lo que a ella le gustaba llamar (y a muchos otros) “niños con riesgo neuropsicosensorial”. La conocí hace muchos años, cuando trabajé en el hospital y compartimos muchas cosas, además de muchos pacientes. Le hicieron muchas putadas (de las que aquí no voy a hablar porque me encantaría dar nombres) y ella, sin más, fue “resistente no violento”, como diría ML King. No le escuché decir nada malo de nadie (eso es mal asunto pues es demasiada represión) y entonces lo hacía yo por ella y ella callaba.
Ella sola (repito: ella sola) fundó la Unidad de Maduración del Hospital Universitario Virgen Macarena y ella sola (repito: ella sola) la llevó adelante muchos años. Nunca tuvo ayuda, salvo en los últimos años que una administrativa se incorporó para llevar agenda y demás. Inma era una trabajadora nata, una estudiosa nata, y bastante idiota. Y digo lo de bastante idiota porque pensaba que ella no sabía nada, que no sabía cuánto podía estar aportando a los niños y sus familias. Y eso, en su caso, es de idiota. Ella era una grandísima persona. Y lo de grandísima lo digo en todo su sentido: impecable personal y profesionalmente, saludable, humilde, con ganas siempre de aprender, leal, sincera y así podría seguir.
Ayer fui al hospital por un tema médico, al que fue mi hospital durante tantísimos años. Pasé por delante de su unidad y todo estaba “apagado”. No había alma. Allí no había niños y padres sentados esperando a Inma. No quise ni llamar ni abrir la puerta que ustedes ven en la foto y que da acceso a la unidad, a las dos consulta (que estaría seguramente cerrada). Tuve miedo. Quise recordar ese lugar como lo que fue: la Unidad Especializada de la Dra. Inmaculada Ramos. Esa fue su unidad. Sólo suya. Y dentro había dos consultas pero una siempre sobró o, al menos, se podría haber utilizado para hacer algo útil como abordajes terapéuticos de fisioterapia, neuropsicología, logopedia y terapia ocupacional. Eso hubiese sido la guinda. Pero no pudo ser.
Esta que publico es mi opinión utilizando la voz que me da el blog de ineuro. No es la opinión de ineuro, no es la opinión de un grupo que nunca la conoció. Es sólo mía.
Suscribo todo lo dicho.
Quiero finalizar animando a la tierra en la que esté a que crezca allí todo lo que ella dio: frutos. Ella fue muy religiosa; yo soy ateo. Quizá debería decir que era muy espiritual, ya que considero que las personas religiosas lo que hacen es imponer a los demás “la verdad”. Ella nunca fue así. Ojalá esté yo equivocado y exista en lo que ella siempre creyó y se encuentre con otra persona buena: mi madre. Pero realmente me da igual: ella ya fue un cielo en la tierra.
No tengo más palabras que escribir y todo lo que escriba sobre ella no será ni una breve brizna de lo que pienso.
Ojalá tuviera un 1% de lo que fue. Yo no soy lo que sería sin ella, ni mis hijos gemelos tampoco. Salud, Inma, allá donde esté tu espíritu, donde estés tú.
Gracias Pablo. Pocos hubieran expresado mejor lo mucho que ha significado Inma para todos nosotros.
Salud!
Amen.
No supe CUANTO te apreciaba, hasta que te fuiste.
GRACIAS POR TANTO INMA.
Salud!